PALABRHISTORIA

Abrimos esta página como sugerencia muy creativa de dos alumnas de 4º, Ainhoa y África, que en sus ratos libres juegan con palabras ¡Genial! La cosa consiste en que una vez al mes propondremos cuatro palabras a partir de las cuales os retaremos a crear una historia. Mandad vuestras historias a margutmar3@gmail.com, elegiremos dos (bien escritas, originales y de no más de un folio) y las publicaremos. Convertios en autores literarios ya. ¡Ánimo a todos!

Las dos primeras son de las creadoras de la idea y ahí van:



No me queda más que un cuaderno con las páginas en blanco, algunas escritas. No me queda más que esas hojas donde tu nombre fue, por un tiempo, lo único que salía de la punta de este boli
Todavía guardo aquella agenda donde ponía las citas, las primeras citas, con los primeros besos, las primeras miradas, los primeros amores... Contigo.
¿Qué más me queda? Mi cuaderno, esas hojas, aquella agenda, todo con tu nombre, con nuestra historia, nuestra vida juntos. ¿Algo más? Sí. esa ventana donde te vi con aquella rosa, esa ventana por la cual me tiraría para morir con tu recuerdo en mi memoria. ¿Que más queda? Nada. Está lloviendo.
Solo puedo mirar por esa ventana e imaginarme que vuelves a estar ahí, de pie, con esa rosa que guardo seca en el cajón de tu mesilla. Miro y sonrío mientras caen de mis ojos todos los recuerdos hasta el charco de la entrada. Un pie, otro pie. Y me lanzo hacia tu imagen, hacia tu recuerdo, como gota, como lágrima. Tiño el charco del color de aquella rosa.
Zira Lion




Lancé el boli sobre la mesa. “¡Estoy harta!” Grité sola en mi habitación. De haber sido esta más grande, el eco me habría ahogado. Vi mi agenda sobre la mesa, llena de citas y encuentros a los que ya no acudiría.
Estaba cansada de todo. Harta de componer esas canciones. Era la hora de vivir mi vida.
Me asomé a la ventana y miré fuera. Era una noche fría, como las que a mí me gustaban. Me senté en el alfeizar con los talones desnudos pateando suavemente los ladrillos, y aspiré el aire. Una ráfaga heló mis pulmones. Aire puro.
En ese momento algo se congeló sobre mi mejilla. Una pequeña gota de agua. Sin embargo no llovía. No, las gotas no eran de eso. Otra gotita cayó mientras yo miraba a todas partes y a ninguna a la vez. Otra. Y otra. No tenía intención de impedirles caer al vacío o congelarse a medio camino. Ese era su camino. También éste era el mío.
Pronto, dejaron de caer.
Era la hora de vivir mi vida.
O quizás,
de no vivirla.
Kayla Reed

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