miércoles, 31 de mayo de 2017

LA NOVELA DEL 50 A NUESTROS DÍAS

Los 50 y 60: Novela Social (mejora, protagonista colectivo, objetividad, importancia de diálogos)
·         La Colmena de Cela (300 personajes 44 reaparecen, no hay argumento ni desenlace; secuencias breves – Sociedad Madrid invierno del 42.
·         En  los 60 se sigue experimentando. Tiempo de Silencio de Luis Martín Santos (joven médico, en asuntos turbios), denuncia social, bajos fondos madrileños; técnicas narrativas nuevas: monólogo interior y perspectivismo
·         Cinco horas con Mario de Miguel Delibes (monólogo interior de Carmen).
Los 70: Con la democracia la novela relajará sus intenciones sociales y será más individualista.
  • EDUARDO MENDOZA, La verdad sobre el caso Savolta (gº policiaco, histórico, perspectivismo…) Hª de intriga en luchas obreras de Barcelona de 1917, Javier Miranda –humilde abogado que investiga muerte de amigo Pajarito Soto y que colabora sin querer en líos turbios de Lepprince de la empresa Savolta).
De los 80 a hoy: variedad de tendencias.
  • Protagonistas inseguros y perdidos en un mundo hostil (supervivencia con individualismo)
  • Narración más tradicional.
a) NOVELA POLICIACA: (xx) Conan Doyle (Sherlock Holmes) y Agatha Christie (Hércules Poirot) pasó al cine. Manuel Vázquez Montalbán (Pepe Carvalho).
b) NOVELA AUTOBIOGRÁFICA O AUTOFICCIÓN: Antonio Muñoz Molina y Javier Marías
c) NOVELA HISTÓRICA: (antecedente: Galdós y Walter Scott). Delibes, Arturo Pérez-Reverte –Ala Triste-). Sobre la Guerra Civil (Muñoz Molina)
d) NEORREALISTA / METANOVELA / LÍRICA

C) Otros narradores: Ana Mª Matute, Juan Marsé, Almudena Grandes, Juan José Millás....

ANTOLOGÍA DE TEXTOS
ALMUDENA GRANDES
 Salieron a la calle a las diez y treinta y dos minutos de una mañana de junio soleada, calurosa.
Como todos los sábados, se separaron sin despedirse ante el portal de su casa. Él fue al garaje, a recoger el coche, y ella se quedó esperando con la maleta, la nevera portátil, un cesto de paja lleno de envases con comida preparada, la jaula del canario y el perro de su marido.
A las diez y treinta y siete miró el reloj. Su marido se estaría ajustando ya el cinturón. Aún no habían tenido hijos. Él era partidario de disfrutar de la vida todavía unos años más.
A las diez y cuarenta y dos, el coche no había salido del garaje, pero el perro se había meado en medio de la acera. Ella lo miró con repugnancia. No le gustaban los perros y no entendía por qué se retrasaba tanto su marido.

A las diez y cuarenta y nueve empezó a sudar. Ya faltaría poco para poder freír huevos en el tejado de pizarra de la casita que tenían en la sierra. Y la caravana de ida. Y la de vuelta. Y los mosquitos. Y su suegra. Y la paella de su suegra. A ella le gustaba más la playa, pero sus preferencias no la eximían de pagar a fin de mes la mitad de cada cuota de la hipoteca. Él no daba señales de vida todavía.
A las diez y cincuenta y tres, las salmonelas, cualquier cosa que fueran, estarían ya empezando a bailar flamenco en la mayonesa de la ensaladilla rusa. Ella decidió que no la probaría. En cuanto a su marido, parecía que se lo hubiera tragado la tierra.
A las once en punto no había aparecido aún. A lo mejor el coche tenía una avería. Aunque también lo habían pagado a medias, a ella le dio la risa solo de pensarlo.A las once y seis minutos se le ocurrió que quizás él no volviera nunca. Entonces apiló todo su equipaje contra el portal, dejó al perro atado a un poste y se fue a El Corte Inglés. Hacía mucho tiempo que no estaba tan contenta.


ANA Mª MATUTE, La rama seca

Apenas tenía seis años y aún no la llevaban al campo. Era por el tiempo de la siega, con un calor grande, abrasador, sobre los senderos. La dejaban en casa, cerrada con llave, y le decían:
-Que seas buena, que no alborotes: y si algo te pasara, asómate a la ventana y llama a doña Clementina.
Ella decía que sí con la cabeza. Pero nunca le ocurría nada, y se pasaba el día sentada al borde de la ventana, jugando con “Pipa”.
Doña Clementina la veía desde el huertecillo. Sus casas estaban pegadas la una a la otra, aunque la de doña Clementina era mucho más grande, y tenía, además, un huerto con un peral y dos ciruelos. Al otro lado del muro se abríael ventanuco tras el cual la niña se sentaba siempre. A veces, doña Clementina levantaba los ojos de su costura y la miraba.
-¿Qué haces, niña?
La niña tenía la carita delgada, pálida, entre las flacas trenzas de un negro mate.
-Juego con “Pipa” -decía.
Doña Clementina seguía cosiendo y no volvía a pensar en la niña. Luego, poco a poco, fue escuchando aquel raro parloteo que le llegaba de lo alto, a través de las ramas del peral. En su ventana, la pequeña de los Mediavilla se pasaba el día hablando, al parecer, con alguien.
-¿Con quién hablas, tú?
-Con “Pipa”.
Doña Clementina, día a día, se llenó de una curiosidad leve, tierna, por la niña y por “Pipa”. Doña Clementina estaba casada con don Leoncio, el médico. Don Leoncio era un hombre adusto y dado al vino, que se pasaba el día renegando de la aldea y de sus habitantes. No tenían hijos y doña Clementina estaba ya hecha a su soledad. En un principio, apenas pensaba en aquella criatura, también solitaria, que se sentaba al alféizar de la ventana. Por piedad la miraba de cuando en cuando y se aseguraba de que nada malo le ocurría. La mujer Mediavilla se lo pidió:
-Doña Clementina, ya que usted cose en el huerto por las tardes, ¿querrá echar de cuando en cuando una mirada a la ventana, por si le pasara algo a la niña? Sabe usted, es aún pequeña para llevarla a los pagos…
-Sí, mujer, nada me cuesta. Marcha sin cuidado…
Luego, poco a poco, la niña de los Mediavilla y su charloteo ininteligible, allá arriba, fueron metiéndosele pecho adentro.
-Cuando acaben con las tareas del campo y la niña vuelva a jugar en la calle, la echaré a faltar -se decía.
2
Un día, por fin, se enteró de quién era “Pipa”.
-La muñeca -explicó la niña.
-Enséñamela…
La niña levantó en su mano terrosa un objeto que doña Clementina no podía ver claramente.
-No la veo, hija. Échamela…
La niña vaciló.
-Pero luego, ¿me la devolverá?
-Claro está…
La niña le echó a “Pipa” y doña Clementina, cuando la tuvo en sus manos, se quedó pensativa. “Pipa” era simplemente una ramita seca envuelta en un trozo de percal sujeto con un cordel. Le dio la vuelta entre los dedos y miró con cierta tristeza hacia la ventana. La niña la observaba con ojos impacientes y extendía las dos manos.
-¿Me la echa, doña Clementina…?
Doña Clementina se levantó de la silla y arrojó de nuevo a “Pipa” hacia la ventana. “Pipa” pasó sobre la cabeza de la niña y entró en la oscuridad de la casa. La cabeza de la niña desapareció y al cabo de un rato asomó de nuevo, embebida en su juego.
Desde aquel día doña Clementina empezó a escucharla. La niña hablaba infatigablemente con “Pipa”.
-“Pipa”, no tengas miedo, estate quieta. ¡Ay, “Pipa”, cómo me miras! Cogeré un palo grande y le romperé la cabeza al lobo. No tengas miedo, “Pipa”… Siéntate, estate quietecita, te voy a contar, el lobo está ahora escondido en la montaña…
La niña hablaba con “Pipa” del lobo, del hombre mendigo con su saco lleno de gatos muertos, del horno del pan, de la comida. Cuando llegaba la hora de comer la niña cogía el plato que su madre le dejó tapado, al arrimo de las ascuas. Lo llevaba a la ventana y comía despacito, con su cuchara de hueso. Tenía a “Pipa” en las rodillas, y la hacía participar de su comida.
-Abre la boca, “Pipa”, que pareces tonta…
Doña Clementina la oía en silencio. La escuchaba, bebía cada una de sus palabras. Igual que escuchaba al viento sobre la hierba y entre las ramas, la algarabía de los pájaros y el rumor de la acequia.
3
Un día, la niña dejó de asomarse a la ventana. Doña Clementina le preguntó a la mujer Mediavilla:
-¿Y la pequeña?
-Ay, está delicá, sabe usted. Don Leoncio dice que le dieron las fiebres de Malta.
-No sabía nada…
Claro, ¿cómo iba a saber algo? Su marido nunca le contaba los sucesos de la aldea.
-Sí -continuó explicando la Mediavilla-. Se conoce que algún día debí dejarme la leche sin hervir… ¿sabe usted? ¡Tiene una tanto que hacer! Ya ve usted, ahora, en tanto se reponga, he de privarme de los brazos de Pascualín.
Pascualín tenía doce años y quedaba durante el día al cuidado de la niña. En realidad, Pascualín salía a la calle o se iba a robar fruta al huerto vecino, al del cura o al del alcalde. A veces, doña Clementina oía la voz de la niña que llamaba. Un día se decidió a ir, aunque sabía que su marido la regañaría.
La casa era angosta, maloliente y oscura. Junto al establo nacía una escalera, en la que se acostaban las gallinas. Subió, pisando con cuidado los escalones apolillados que crujían bajo su peso. La niña la debió oír, porque gritó:
-¡Pascualín! ¡Pascualín!
Entró en una estancia muy pequeña, a donde la claridad llegaba apenas por un ventanuco alargado. Afuera, al otro lado, debían moverse las ramas de algún árbol, porque la luz era de un verde fresco y encendido, extraño como un sueño en la oscuridad. El fajo de luz verde venía a dar contra la cabecera de la cama de hierro en que estaba la niña. Al verla, abrió más sus párpados entornados.
-Hola, pequeña -dijo doña Clementina-. ¿Qué tal estás?
La niña empezó a llorar de un modo suave y silencioso. Doña Clementina se agachó y contempló su carita amarillenta, entre las trenzas negras.
-Sabe usted -dijo la niña-, Pascualín es malo. Es un bruto. Dígale usted que me devuelva a “Pipa”, que me aburro sin “Pipa”…
Seguía llorando. Doña Clementina no estaba acostumbrada a hablar a los niños, y algo extraño agarrotaba su garganta y su corazón.
Salió de allí, en silencio, y buscó a Pascualín. Estaba sentado en la calle, con la espalda apoyada en el muro de la casa. Iba descalzo y sus piernas morenas, desnudas, brillaban al sol como dos piezas de cobre.
-Pascualín -dijo doña Clementina.
El muchacho levantó hacia ella sus ojos desconfiados. Tenía las pupilas grises y muy juntas y el cabello le crecía abundante como a una muchacha, por encima de las orejas.
-Pascualín, ¿qué hiciste de la muñeca de tu hermana? Devuélvesela.
Pascualín lanzó una blasfemia y se levantó.
-¡Anda! ¡La muñeca dice! ¡Aviaos estamos!
Dio media vuelta y se fue hacia la casa, murmurando.
Al día siguiente, doña Clementina volvió a visitar a la niña. En cuanto la vio, como si se tratara de una cómplice, la pequeña le habló de “Pipa”:
-Que me traiga a “Pipa”, dígaselo usted, que la traiga…
El llanto levantaba el pecho de la niña, le llenaba la cara de lágrimas, que caían despacio hasta la manta.
-Yo te voy a traer una muñeca, no llores.
Doña Clementina dijo a su marido, por la noche:
-Tendría que bajar a Fuenmayor, a unas compras.
-Baja -respondió el médico, con la cabeza hundida en el periódico.
4
A las seis de la mañana doña Clementina tomó el auto de línea, y a las once bajó en Fuenmayor. En Fuenmayor había tiendas, mercado, y un gran bazar llamado “El Ideal”. Doña Clementina llevaba sus pequeños ahorros envueltos en un pañuelo de seda. En “El Ideal” compró una muñeca de cabello crespo y ojos redondos y fijos, que le pareció muy hermosa. “La pequeña va a alegrarse de veras”, pensó. Le costó más cara de lo que imaginaba, pero pagó de buena gana.
Anochecía ya cuando llegó a la aldea. Subió la escalera y, algo avergonzada de sí misma, notó que su corazón latía fuerte. La mujer Mediavilla estaba ya en casa, preparando la cena. En cuanto la vio alzó las dos manos.
-¡Ay, usté, doña Clementina! ¡Válgame Dios, ya disimulará en qué trazas la recibo! ¡Quién iba a pensar…!
Cortó sus exclamaciones.
-Venía a ver a la pequeña, le traigo un juguete…
Muda de asombro la Mediavilla la hizo pasar.
-Ay, cuitada, y mira quién viene a verte…
La niña levantó la cabeza de la almohada. La llama de un candil de aceite, clavado en la pared, temblaba, amarilla.
-Mira lo que te traigo: te traigo otra “Pipa”, mucho más bonita.
Abrió la caja y la muñeca apareció, rubia y extraña.
Los ojos negros de la niña estaban llenos de una luz nueva, que casi embellecía su carita fea. Una sonrisa se le iniciaba, que se enfrió en seguida a la vista de la muñeca. Dejó caer de nuevo la cabeza en la almohada y empezó a llorar despacio y silenciosamente, como acostumbraba.
-No es “Pipa” -dijo-. No es “Pipa”.
La madre empezó a chillar:
-¡Habrase visto la tonta! ¡Habrase visto, la desagradecida! ¡Ay, por Dios, doña Clementina, no se lo tenga usted en cuenta, que esta moza nos ha salido retrasada…!
Doña Clementina parpadeó. (Todos en el pueblo sabían que era una mujer tímida y solitaria, y le tenían cierta compasión).
-No importa, mujer -dijo, con una pálida sonrisa-. No importa.
Salió. La mujer Mediavilla cogió la muñeca entre sus manos rudas, como si se tratara de una flor.
-¡Ay, madre, y qué cosa más preciosa! ¡Habrase visto la tonta ésta…!
Al día siguiente doña Clementina recogió del huerto una ramita seca y la envolvió en un retal. Subió a ver a la niña:
-Te traigo a tu “Pipa”.
La niña levantó la cabeza con la viveza del día anterior. De nuevo, la tristeza subió a sus ojos oscuros.
-No es “Pipa”.
Día a día, doña Clementina confeccionó “Pipa” tras “Pipa”, sin ningún resultado. Una gran tristeza la llenaba, y el caso llegó a oídos de don Leoncio.
-Oye, mujer: que no sepa yo de más majaderías de ésas… ¡Ya no estamos, a estas alturas, para andar siendo el hazmerreír del pueblo! Que no vuelvas a ver a esa muchacha: se va a morir, de todos modos…
-¿Se va a morir?
-Pues claro, ¡que remedio! No tienen posibilidades los Mediavilla para pensar en otra cosa… ¡Va a ser mejor para todos!
5
En efecto, apenas iniciado el otoño, la niña se murió. Doña Clementina sintió un pesar grande, allí dentro, donde un día le naciera tan tierna curiosidad por “Pipa” y su pequeña madre.
6
Fue a la primavera siguiente, ya en pleno deshielo, cuando una mañana, rebuscando en la tierra, bajo los ciruelos, apareció la ramita seca, envuelta en su pedazo de percal. Estaba quemada por la nieve, quebradiza, y el color rojo de la tela se había vuelto de un rosa desvaído. Doña Clementina tomó a “Pipa” entre sus dedos, la levantó con respeto y la miró, bajo los rayos pálidos del sol.
-Verdaderamente- se dijo-. ¡Cuánta razón tenía la pequeña! ¡Qué cara tan hermosa y triste tiene esta muñeca!

El Negro de Rosa Montero


Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantase para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.


martes, 30 de mayo de 2017

ANTOLOGÍA INTERESANTE DEL QUIJOTE

PRÓLOGO 1ª PARTE

Desocupado lector1: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento2, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse3. Pero no he podido yo contravenir al ordenI de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante4. Y, así, ¿qué podíaII engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado5, antojadizo y lleno de pensamientos varios6 y nunca imaginados de otro alguno7, bien como quien se engendró en una cárcel8, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?

CAP. VIII
-“Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
-Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Levantose en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por  don Quijote, dijo:

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora  Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese (…) embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero…”

CAP. XVI
Fuera de que Cide Hamete Benengeli fue historiador muy curioso y puntual en todas cosas, y échase bien de ver, pues las que quedan referidas con ser tan mínimas y tan raras, no las quiso pasar en silencio, de donde podrán tomar ejemplo los historiadores graves que nos cuentan las acciones tan corta y sucintamente, que apenas nos llegan a los labios, dejándose en el tintero, ya por descuído, por malicia o ignorancia, lo más sustancial de la obra. Bien haya mil veces el autor de "Tablante", de "Ricamonte", y aquel del otro libro donde se cuentan los hechos del "Conde Tomillas", ¡y con qué puntualidad lo describen todo! Digo, pues, que después de haber visitado el arriero a su recua y dádole el segundo pienso, se tendió en sus enjalmas y se dió a esperar a su puntualísima Maritornes. 

D. QUIJOTE EN SIERRA MORENA
El ferido de  punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento...mal podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen Sancho te dará entera relación, ¡oh  bella ingrata, amada enemiga mía! del modo que por tu causa quedo: si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad  y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte.

     El CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

MARITORMES (CAP. XVI)
Pero apenas llegó a la puerta, cuando don Quijote la sintió50 y, sentándose en la cama, a pesar de sus bizmas y con dolor de sus costillas, tendió los brazos para recebir a su fermosa doncella. La asturiana, que toda recogida y callando iba con las manos delante buscando a su querido, topó con los brazos de don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca y tirándola hacia sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama. Tentóle luego la camisa, y, aunque ella era de arpillera, a él le pareció ser de finísimo y delgado cendal51. Traía en las muñecas unas cuentas de vidro52, pero a él le dieron vislumbres de preciosas perlas orientales. Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, él los marcó por hebras de lucidísimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del mesmo sol escurecía53; y el aliento, que sin duda alguna olía a ensalada fiambre y trasnochada54, a él le pareció que arrojaba de su boca un olor suave y aromático; y, finalmente, él la pintó en su imaginación, de la misma traza y modo, lo queX había leído en sus libros de la otra princesa que vino a ver el malferido caballero vencidaXI de sus amores55, con todos los adornos que aquí van puestos

CONCEPTISMO Y CULTERANISMO

EL ESTILO BARROCO
Búsqueda de lo extraordinario y sorprendente para admirar.
Gusto por la dificultad (todo debe ser descifrado)
Exageración y retorcimiento.
Artificiosidad e Ingenio.

CONCEPTISMO
Corriente poética liderada por Quevedo que plantea el contenido (fondo) como parte sustancial del poema frente a la forma. Referencias mitológicas.
Las figuras literarias: metáforas ingeniosas, calambures (juego de palabras), paradojas fundamentalmente.
Busca sorprender y criticar.
Quevedo noble de bajo nivel por su ingenio se convierte en un personaje influyente en la corte por su valía intelectual (consejero y secretario de nobles). Toda su vida reclamó un Señorío. No tuvo suerte con el amor. Su carácter agrio le hace escribir abundantes textos sarcásticos y críticos (contra las mujeres, lisonjeros, taberneros, pasteleros… Góngora).

AMOR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


 

Cerrar podrá mis ojos la postrera 
sombra, que me llevaré el blanco día; 
y podrá desatar esta alma mía 
hora, a su afán ansioso linsojera;
mas no de esotra parte en la ribera 
dejará la memoria en donde ardía; 
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa:
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido, 
venas que humor a tanto fuego han dado, 
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado; 
serán ceniza, mas tendrán sentido. 
Polvo serán, mas polvo enamorado.
DEFINICIÓN DEL AMOR
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es tu abismo.
¡Mirad cual amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!


CULTERANISMO
Góngora. La forma es lo fundametal (CÓMO SE DICE).
Figuras: metáforas complejas, abundante adjetivación (sinestésica), hipérbaton, hipérboles, referencias mitológicas, …
Góngora: alta nobleza, recibió la capellanía de Córdoba como dote (sueldo anual), Madrid –pª-, fama tahúr…
CARPE DIEM ANGUSTIADO
Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

LOPE, Varios efectos del amor
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.



lunes, 22 de mayo de 2017

NOVELA Y TEATRO DEL 36 AL 50

LITERATURA DEL 36 AL 50
LA NOVELA: EL TREMENDISMO
(Exiliados / respaldados por el Régimen (p. de v. de los vencedores: valores tradicionales)
Dos novelas más importantes:
a) CELA, LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE, inicio del TREMENDISMO
* Aspectos desagradables de la realidad
(Pascual, condenado por asesinar a su madre; para justificarse explica los acontecimientos que lo han convertido en asesino: padre maltratador, madre mala y borracha, hermana prostituta, hermano discapacitado muere ahogado en tinaja de aceite; ni el amor de Lola lo aparta de su destino trágico – madre =culpable).
b) CARMEN LAFORET, Nada
* Sordidez, desespernza, falta de valores en la posguerra.
(Andrea, joven llega a Barcelona con esperanzas para estudiar en la Universidad – casa de familiares violentos, míseros, desequilibrados).
TEATRO
Censura – Teatro de entretenimiento

  • JARDIEL PONCELA, Eloísa está debajo de un almendro (comedia de enredo – dos familias extravagantes – intriga)
  • MIGUEL MIHURA , Tres sombreros de copa (humilde hotel, Dionisio –aburrido y convencional-, la noche antes de su boda, conoce a Paula, bailarina joven que le hace ver que hay otras formas de vida.

miércoles, 10 de mayo de 2017

AYUDA PROYECTO lISISTRATA


LA OBRA:

1. ¿Quién es el autor de la obra? ¿en qué época escribe? ¿qué guerras había en ese momento? ¿Qué otra de sus obras trata un tema parecido?
2. ¿Cuáles son los temas de la obra?
3. Describe a Lisistrata
4. Describe al Coro de Ancianos y al Corifeo
5. Describe al coro de Mujeres y a la Corifea
6. ¿En qué consiste el juramento que hacen las mujeres? ¿cómo se lleva a cabo?
7. Resume la escena entre Mirrina y Cinesias
8. ¿Por qué hay diferentes formas de hablar griego? ¿cómo se refleja en la obra?
9. Comente el final

10. Paralelismos con situaciones actuales.

MITOLOGÍA
1. APOLO Y DAFNE:
* ¿ En qué no tenía suerte Apolo?
* ¿En qué se convierte Dafne? ¿Por qué?
* ¿Qué hace Apolo ante esto?
2. TRANSFORMACIONES DE ZEUS:
* ¿Qué características sentimentales tiene Zeus?
*  ¿En qué animales se transforma?
* ¿En qué convierte Zeus a Io para despistar a Hera?
3. ORFEO Y EURIDICE
* Dos virtudes de Orfeo
* ¿Por qué desciende orfeo a los Infiernos?
* ¿Qué condición le ponen para sacarla de los Infiernos?
4. ARES Y AFRODITA
* ¿A qué se dedicaba Hefesto, el esposo de Afrodita?
* ¿Qué hizo Afrodita?
* ¿Qué ocurre al final?
5. PERSÉFONE
* ¿Quien la rapta? ¿por qué?
* ¿Qué la obliga a hacer?
* ¿Qué consigue Ceres, la madre de Perséfone?