martes, 28 de marzo de 2017

TEATRO BARROCO (APUNTES)

En el siglo XVII, Lope de Vega, tuvo la genialidad de acertar con una fórmula teatral de éxito seguida por todos los autores a partir de entonces. Se le llamó la COMEDIA NUEVA para distinguirse de la obra teatral clásica. Esta comedia combinaba la calidad literaria con la capacidad de atraer al público, objetivo que logró como nadie.



   En 1609 Lope compuso su Arte nuevo de hacer comedias, breve e irónica obra en la pretende explicar su concepción teatral y defenderse de los que le critican por apartarse de los modelos clásicos. A lo largo de su tratado va mostrando las características que tienen las obras que escribe: 
  • Número de actos: Divide la comedia en tres actos (unos tres mil versos) y los llama jornadas.(El teatro clásico tenía cinco actos).
  • Propone la mezcla de lo trágico y lo cómico. La comedia ha de representar la variedad, igual que la vida. Esto implica que en una misma obra pueden aparecer personajes nobles y plebeyos, reyes y campesinos... Se mezclan los estratos sociales, aunque se guarda el decoro en la forma de hablar, comportarse, vestirse... El gracioso (papel interpretado por el criado del galán) aparece incluso en las obras más trágicas o más graves.
  • El teatro clásico proponía el respeto de las tres unidades -acción, tiempo y lugar-. La obra debía tener una única acción y desarrollarse en un mismo lugar y durante una jornada. Lope acepta, aunque no la observe en sus comedias, la unidad de acción; sin embargo, por razones de verosimilitud, cree innecesario guardar las de tiempo y espacio.
  • Las obras teatrales se escriben en verso. El escritor utiliza diferentes tipos de estrofas según las situaciones. (polimetría)
  • El gustoLope admite que las reglas del teatro clásico están bien, pero cada época es distinta y los gustos del público varían. Así que hay que adaptarse a ellos, puesto que el público es el que paga. El fin de la comedia es provocar el disfrute del público.



Los géneros y los temas



Ya hemos dicho que las obras que se escriben en el siglo XVII siguiendo la fórmula de Lope se les llamó genéricamente comedias, aunque este nombre no se corresponde con el concepto clásico de comedia. De hecho, muchas de las obras que se escriben en el Barroco son tragicomedias o dramas: tienen elementos trágicos mezclados con contrapuntos cómicos y pueden tener un final feliz o desdichado.
COMEDIASmezclan personajes elevados y bajos y tienen un final feliz.
TRAGICOMEDIAS O DRAMASmezclan personajes elevados y bajos, situaciones trágicas y cómicas y pueden acabar bien o mal.

Los temas

Los temas preferidos del teatro barroco son:
·                    el HONOR y la HONRA: Ambas cosas se sustentan en la opinión que los demás tienen de uno mismo, en su buen nombre personal o familiar. Si se pierde el honor, lo justo es recuperarlo con venganza y sangre si es necesario. El honor suele estar ligado a la mujer y los encargados de limpiar las manchas de honor son los hombres. Por eso es tan frecuente en la comedia la mujer vestida de hombre que se traviste para recuperar o vengar la deshonra. Si una doncella perdía su honor, el código de la comedia sólo ofrecía dos soluciones: el matrimonio o la muerte del seductor. La vida real era otra cosa. Afortunadamente.
  • el AMORLa conquista de una dama por el galán (o a la inversa) es el eje temático de numerosas comedias: El perro del hortelano de Lope, por ejemplo.
También se escriben muchas comedias de capa y espada o enredo que desarrollan argumentos de intriga y enredo: El perro del hortelano de Lope.
Comedias históricas y legendarias: Fuenteovejuna.
Comedias de aparato: tienen una puesta en escena complicada y necesitan ser representadas en un teatro de corte. Suelen acompañarse de canto y baile: Ni amor se libra de amor de Calderón.
Dramas filosóficos y religiosos, que tratan temas como el destino, la libertad del individuo, el poder divino...: La vida es sueño.
Dramas de honor en los que se plantea un problema de honra: El médico de su honra de Calderón.
Autos sacramentales: representaciones espectaculares que tienen como tema un asunto de fe.



Los personajes



Los personajes más habituales en la comedia del siglo de Oro son:
  • EL REY, si es joven, es un galán soberbio y a veces injusto; si es viejo, es prudente y necesario para restablecer la justicia.
  • EL GALÁN reúne todas las virtudes; juventud, generosidad, paciencia, capacidad de sufrimiento... Los sentimientos que le mueven son: amor, celos y honra.
  • EL ANTAGONISTA, suele ser un noble que abusa de su poder, es tirano y malvado. Su papel en la comedia es negativo. Sólo puede castigarle el rey.
  • LA DAMAcomplemento femenino del galán, es noble, idealista, audaz y constante. Salvo raras excepciones (El perro del hortelano), los personajes femeninos responden a la pasividad social que tenían en su tiempo. Es muy habitual el personaje de la mujer que se disfraza de hombre para realizar acciones masculinas como la defensa de su honra. Esta mujer varonil suele crear situaciones de enredo muy del gusto de la época.
  • EL PADRE DE LA DAMA (el barba). Es un hombre ejemplar que defiende el honor.
  • EL GRACIOSO es el tipo por antonomasia de la comedia española, suele ser el criado del galán, pero también su consejero y amigo y su contrapunto en el carácter. Es ingenioso, cobarde, ama el dinero, los placeres y la comida. Suele emparejarse con la criada de la dama. Sus intervenciones rompen la tensión y el dramatismo.
  • LA CRIADA es la confidente y acompañante de la dama que desempeña una especie de papel de gracioso en mujer.


Los autores

Recuerda estos nombres y estas obras

LOPE DE VEGA: El perro del hortelano, Fuenteovejuna

TIRSO DE MOLINA: El burlador de Sevilla

CALDERÓN DE LA BARCA: La vida es sueño


TÓPICOS LITERARIOS BARROCOS:
-        El GRAN TEATRO DEL MUNDO, (hipocresía social, nadie es lo que parece, todo el mundo representa un papel);
-        EL ENGAÑO A LOS OJOS (todo lo que vemos es mentira), por eso…
-        LA VIDA ES SUEÑO,
-        TEMPUS FUGIT (angustiado),
-        PULVI SUMUS
-        HOMO HOMINI LUPUS
Reflejan estos tópicos una mentalidad PESIMISTA que responde a una situación de CRISIS TOTAL (económica –guerras y gastos de la corte hacen mella- / social –la mendicidad se asienta en las ciudades, el mundo del hampa se adueña de ellas, sistemas de control de masas: religión –sermones, procesiones…-/toros/teatro /// política –los reyes dejan el poder en manos de sus validos –Conde Duque de Olivares-).
SIGLO DE ORO (el arte conoce su máximo esplendor porque se utilizará como modo de control de masas y reafirmación del poder de la nobleza y la monarquía).
Estética BARROCA: EXAGERACIÓN – RETORCIMIENTO – CLAROSCUROS – RECARGAMIENTO (ej. Columna churrigueresca )
LITERATURA:
  • POESÍA (Culteranismo –Góngora- / Conceptismo –Quevedo-)


viernes, 17 de marzo de 2017

UN NUEVO RETO: LISISTRATA

LISISTRATA DE ARISTÓFANES
Personajes 
LISÍSTRATA, mujer ateniense. 
CLEONICE, su vecina. 
MÍRRINA, otra ateniense.
 LAMPITO, mujer espartana. 
CORO DE ANCIANOS. 
CORO DE MUJERES. 
EL COMISARIO ATENIENSE. 
MUJER l.a MUJER 2.a MUJER 3.a MUJER 4.a 
CINESIAS, marido de Mírrina. 
EL HIJO DE CINESIAS. 
EL HERALDO ESPARTANO. 
EL PRÍTANIS ATENIENSE. 
EL LACONIO, embajador espartano. 
UN ATENIENSE. 
PERSONAJES MUDOS: una beocia; una corintia; mujeres atenienses; arqueros; un esclavo de Cinesias; embajadores espartanos; atenienses; Conciliación; esclavas.

ESCENA I
LISÍSTRATA.: (preoucpada) Como puede ser que todavía no se ha presentado ninguna mujer a esta importante cita. (CLEONICE  sale de su casa.)  Bueno, aquí sale mi vecina. ¡Hola, Cleonice!
CLEONICE. Hola, tú también, Lisístrata. ¿Por qué estás preocupada?  No pongas esa cara, hija mía, LISÍSTRATA:  Cleonice, estoy  muy afligida por nosotras las mujeres, porque entre los hombres tenemos fama de ser malísimas...
CLEONICE: (riéndose) Es que lo somos, por Zeus.
LISÍSTRATA: ... y cuando se les ha dicho a las otras que se reúnan aquí para deliberar sobre un asunto nada importante ¡se quedan dormidas y no vienen!
CLEONICE. Ya vendrán. Difícil resulta para las mujeres salir de casa: una anduvo ocupada con el marido; otra tenía que despertar al criado; otra tenía que acostar al niño; otra lavarlo; otra darle de comer.
LISÍSTRATA:  Pero es que había para ellas otras cosas más importantes que ésas.
CLEOLICE. ¿De qué se trata Lisístrata, el asunto por el que nos convocas a nosotras las mujeres? ¿En qué consiste, de qué tamaño es?
LISÍSTRATA. Se trata de un asunto que yo he estudiado y al que he dado vueltas y más vueltas en muchas noches en blanco.
CLEONICE. Seguro que es delicado eso a lo que has dado vueltas y vueltas.
LISÍSTRATA. Sí, tan delicado que la salvación de Grecia entera estriba en las mujeres.
CLEONICE. ¿En las mujeres? Pues sí que tiene pocas agarraderas.
LISÍSTRATA. Cuenta que están en nuestras manos los  asuntos de la ciudad; si no, hazte a la idea de que ya no existen los peloponesios...
CLEONICE. Mucho mejor que ya no existan, por Zeus.
LISÍSTRATA.... y de que los beocios perecerán todos, por completo. De Atenas no voy a pronunciar nada de ese estilo: adivina tú mis pensamientos. Pero si se reúnen aquí las mujeres, las de los beocios, las de los peloponesios y nosotras, salvaremos todas juntas a Grecia.
CLEONICE. Y, ¿qué plan sensato o inteligente podrían realizar las mujeres si  lo nuestro es permanecer sentadas, bien pintaditas, luciendo la túnica azafranada y adornadas con vestidos y con zapatillas de moda?
LISÍSTRATA. Pues eso mismo es lo que espero que nos salve: las tuniquillas azafranadas, los perfumes, las zapatillas, el colorete y  las enaguas transparentes.
CLEONICE. Y, ¿de qué manera?
LISÍSTRATA. De manera que de los hombres de hoy en día ninguno levantará la lanza contra otro...
CLEONICE.  Entonces, ¡por las dos diosas!, me haré teñir una túnica de azafrán.
LISÍSTRATA.... ni cogerá el escudo...
CLEONICE. Voy a ponerme el vestido recto.
LISÍSTRATA. ... ni el puñal.
CLEONICE. Voy a comprarme unas zapatillas de moda.
LISÍSTRATA. ¿Pero no tenían que estar aquí ya las mujeres?
CLEONICE.  No sólo eso, por  Zeus,  sino que hace ya rato que tenían que haber llegado volando.
LISÍSTRATA. Pero mujer, ya verás cómo resultan ser muy del Ática: hacen todo después de la hora. La cosa es que ni siquiera ha venido ninguna mujer de los costeños ,ni de Salamina. Ni siquiera las que yo esperaba y calculaba que estarían aquí las primeras, las de los Acarnienses
CLEONICE. Por lo menos, la mujer de Teógenes, para venir aquí, empinó... (Hace ademán de beber)...  la vela . Pero aquí están, ya se acercan algunas.
LISÍSTRATA. También llegan estas otras.
ESCENA II
CLEONICE. Uf, uf, ¿de dónde son?
LISÍSTRATA. De Anagirunte.
CLEONICE.  Sí, por  Zeus,  por lo  menos el maloliente «anágiro» me parece que se ha removido.
MÍRRINA: ¿Llegamos tarde, Lisístrata? ¿Qué dices? ¿Por qué te callas?
LISÍSTRATA. No te elogio, Mírrina, por haber llegado ahora siendo el asunto  tan importante.
MÍRRINA. Es que me costó trabajo encontrar el cinturón en la oscuridad
CLEONICE.  No, por  Zeus,  vamos a esperar por lo menos  un poco a que vengan las mujeres de los beocios y de los peloponesios.
LISÍSTRATA. Lo que has dicho está muy bien.  (Entra  LAMPITO )  Aquí viene Lampito. ¡Hola, Lampito, querida laconia! ¡Cómo reluce tu  belleza, guapísima!, ¡qué buen color tienes, cómo rebosa vitalidad tu cuerpo! Podrías estrangular incluso a un toro.
LAMPITO:. Zeguro que  zí,  azí lo creo yo,  pol loh  doh diozeh, pueh me entreno en er gimnazio y zarto dándome en er culo con loh taloneh.
CLEONICE. ¡Qué hermosura de tetas tienes!
LAMPITo: Me ehtáh parpando iguá que a una víctima para er zacrifisio.. Y a vé, ¿quién ha reunido ehta tropa de muhereh?
LISÍSTRATA. Yo, aquí.
LAMPITO:. Dinoh lo que quiereh que agamoh.
CLEONICE. Sí, por  Zeus,  querida, dinos ese asunto tan  importante que te traes entre manos.
LISÍSTRATA. Yo lo diría, pero antes de decirlo os voy a preguntar una cosa, algo de poca monta.
CLEONICE. Lo que tú quieras.
LISÍSTRATA. ¿No echáis de menos a los padres de vuestros  hijitos, que están lejos, de servicio? Pues bien sé que todas vosotras tenéis al marido lejos de casa.
CLEONICE. Mi marido, por lo menos, cinco meses lleva  fuera, pobre de mí,
MÍRRINA. Pues el mío, siete meses completos en Pilos.
LAMPITO:. Y  er  mío, zi arguna vé viene  der  frente, cohe  el ehcudo y desaparese volando.
LISÍSTRATA. Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni  una chispa, desde que los milesios nos traicionaron. Así que, si yo encontrara la manera,  ¿querríais poner fin a  la guerra con mi ayuda?
Mujeres:  «Dinos lo que quieres que hagamos.»
CLEONICE.  Yo sí, por las dos diosas, desde luego, aunque tuviera que empeñar el vestido este curvilíneo y... bebérmelo el mismo día.
MÍRRINA. Pues yo, me dejaría cortar en dos y daría la mitad de mi persona, aunque pareciera un rodaballo.
LAMPITO:. Y yo, ahta me zubi  la  a todo lo arto  der  Taiheto, ayí donde pudiera vé la pá.
LISÍSTRATA. Voy a decíroslo, pues no tiene ya que seguir oculto el asunto. Mujeres, si vamos a obligar a los hombres a hacer la paz, tenemos que abstenernos...
CLEONICE:  ¿De qué? Di.
LISÍSTRATA: ¿Lo vais a hacer?
CLEONICE: Lo haremos, aunque tengamos que morirnos.
LISÍSTRATA: Pues bien, tenemos que hacérseles sufrir y no acostarnos con ellos. ¿Por qué os dais la vuelta? ¿Adónde vais? Oye, ¿por qué hacéis muecas con la boca  y negáis con la cabeza? ¿Por qué se os cambia el color? ¿Por qué lloráis? ¿Lo vais a hacer o no? ¿Por qué dudáis?
CLEONICE. Yo no puedo hacerlo: que siga la guerra.
MÍRRINA. Ni yo tampoco, por Zeus: que siga la guerra.
LISÍSTRATA. Y, ¿tú eres la que dices eso, rodaballo? ¡Si hace un momento decías que te dejarías cortar por la mitad!
CLEONICE. Otra cosa, cualquier otra cosa que quieras. Incluso, si hace falta, estoy dispuesta a andar por fuego. Eso antes que abstenernos, que no hay nada comparable, Lisístrata, guapa.
LISÍSTRATA. Y tú, ¿qué? (A MÍRRINA.)
MÍRRINA. También yo prefiero andar por fuego.
LISÍSTRATA. Jodidísima ralea nuestra, toda entera. No sin  razón las tragedias se hacen a costa nuestra, pues no somos nada más que amar y parir.  (A  LAMPITO.) Pero tú, querida laconia  -pues con que tú sola estés a mi lado, aún podríamos salvar el asunto-, ponte de mi parte.
LAMPITO:.  Pol loh  doh diozeh, éh difisi que lah muhere duerman zolah der todo. Zin embargo, zea, que jase musha farta la pá.
LISÍSTRATA. Querida, tú sí que eres una mujer y no todas éstas.
CLEONICE. Y si nos abstuviéramos todo lo posible de lo que tú dices  -lo que ojalá que no pase-, ¿eso influiría mucho para que se hiciera la paz?
LISÍSTRATA.  Mucho sí, por las dos diosas. Porque si nos quedáramos quietecitas en casa, bien maquilladas, pasáramos a su lado desnudas con sólo las camisitas transparentes y a nuestros maridos ardieran en deseos, pero nosotras no les hiciéramos caso, sino que nos aguantáramos, harían la paz a toda prisa, bien lo sé.
LAMPITO:.  Pol  lo menoh, Menelao, cuando eshó una mirada a  loh meloneh de Helena, que ehtaba dehnuda, tiró la ehpada, creo yo.
CLEONICE. Pero mujer, ¿qué pasará si nuestros maridos nos abandonan?
LISÍSTRATA. Lo de Ferécrates, «despellejar a un perro despellejado»
CLEONICE. Esos sucedáneos son pamplina. ¿Y si nos cogen y nos arrastran por la fuerza a la alcoba?
LISÍSTRATA. Tú agárrate a la puerta.
CLEONICE. ¿Y si nos pegan?
LISÍSTRATA. Hay que dejarse hacer poniéndoselo muy difícil, que no hay placer en esas cosas cuando se hacen por la fuerza. Además hay que causarles dolor. Y pierde cuidado, en seguida renunciarán. Pues nunca jamás disfrutará el hombre si no va de acuerdo con la mujer.
CLEONICE. Si eso es lo que os parece bien a vosotras dos, también nos lo parece a nosotras.
LAMPITO:  A nuehtroh maridoh, nozotrah  loh  convenseremoh de que agan una pá huzta y zin engaño en todah lah cozah, pero a eza hente atenienze, tan veleta, ¿cómo ze la puede convensé para que no digan tonteríah?
LISÍSTRATA:  Pierde cuidado, nosotras convenceremos a la parte que nos toca.
LAMPITO:». Ezo no puede zé, 
LISÍSTRATA. También eso  está bien preparado, ya que nos apoderaremos de la Acrópolis hoy mismo. A las más viejas se les ha ordenado hacer esto: que mientras nosotras nos ponemos de acuerdo en estas cosas, ellas, aparentando que celebran un sacrificio, se apoderen de la Acrópolis.
LAMPITO:. Todo puede rezultá, pueh lo que diseh tiene fundamento.
LISÍSTRATA. Lampito, ¿por qué no hacemos todas juntas un juramento sobre esto, para que sea inquebrantable?
LAMPITO:. Pueh áhnoh zabé la fórmula, a vé cómo huraremoh.
LISÍSTRATA. Hablas con acierto. ¿Dónde está la esciba?(Entra una «policía».)
LISÍSTRATA. Entonces, ¿cómo vamos a jurar?
CLEONICE. Por  Zeus,  yo te lo voy a decir si quieres. Poniendo una copa grande boca arriba y degollando... un cántaro de vino de Tasos, juremos sobre la copa...
LAMPITO:. Ozú, ozú, er huramento, no se puede ni desí cómo lo apruebo.
LISÍSTRATA. Que alguien traiga de dentro una copa y un cántaro.  (Sacan a escena la copa y el cántaro.)
CLEONICE. ¡Queridísimas mujeres!, ¡qué cacharro tan grande! Y la copa esa, con sólo cogerla, ya se alegra una.
LISÍSTRATA.  (A la que trae la copa).  Déjala ahí. Soberana Persuasión y Copa de la Amistad, recibe estos sacrificios mostrándote benévola para las mujeres.  (Mientras tanto, vierte vino en la copa.)
CLEONICE. De buen color es la sangre, ya lo creo, y corre estupendamente.
LAMPITO: Y dehde luego, uele de maraviya, por Cáhtor
CLEONICE. Mujeres, dejadme jurar a mí la primera.
LISÍSTRATA. No, por Afrodita; cuando te llegue el turno. Tocad todas la copa, Lampito:, y que una en vuestro  nombre repita exactamente lo que yo diga. Vosotras declararéis esto bajo juramento de acuerdo conmigo y lo mantendréis firmemente: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»...
CLEONICE. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»...
LISÍSTRATA.... «se acercará a mí ». Dilo. 
CLEONICE. ...  «se acercará a mí ». ¡Ay, ay!, se  me debilitan las rodillas, Lisístrata.
LISÍSTRATA. «En casa pasaré el tiempo »
CLEONICE. «En casa pasaré el tiempo »...
LISÍSTRATA.... «con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»...
LISÍSTRATA. «Si mantengo firmemente estas cosas, que beba yo de aquí»...
CLEONICE. «Si mantengo firmemente estas cosas, que beba yo de aquí»...
LISÍSTRATA. «Pero si las violo, que se llene de agua la copa».
CLEONICE. «Pero si las violo, que se llene de agua la copa».
LISÍSTRATA. ¿Declaráis todas vosotras esto bajo juramento de acuerdo conmigo?
TODAS. Sí, por Zeus.
LISISTRZATA. Hala, yo haré la ofrenda de ésta. (Coge la copa para bebérsela.)
CLEONICE. Tu parte y gracias, querida, para que resultemos en el acto todas amigas unas de otras
 (Van bebiendo todas. Se oye un griterío de mujeres a lo lejos.)
LAMPITO: ¿Qué gritoh zon ézoh?
LISÍSTRATA.  Es  lo  que yo decía: las mujeres se han apoderado  ya de  la Acrópolis de la diosa.  (A  LAMPITO.)  Tú,  Lampito, ponte en camino y organiza bien lo de vuestra gente, y a éstas  (señala a la  BEOCIA  y a la CORINTIA) déjalas aquí como rehenes. (Se va LAMPITO.) Nosotras vamos a la Acrópolis para ayudar a las otras que están allí a poner las trancas
CLEONICE. ¿No crees que los hombres van a venir en masa contra nosotras en seguida?
LISÍSTRTATA.  Poco  me importan, que no vendrán trayendo tantas amenazas ni tanto fuego como para abrir las puertas esas, a no ser en las condiciones que hemos dicho.
CLEONICE. Desde luego, por Afrodita, nunca, que si no, en vano habríamos obtenido el calificativo de inconquistables y malvadas.
ESCENA III
(Las mujeres se van hacia la Acrópolis.) (Llega por otro lado el coro de viejos; vienen cargados con troncos  y  traen un cuenco de barro con brasas.)
CORIFEO. Anda, Draces, guíanos paso a paso aunque te duela el hombro por llevar la pesada carga de un tronco de olivo verde. «¿Qué griterío es ese?»
SEMICORO 1.°
Bien es verdad que en una vida larga caben muchos sucesos inesperados, ¡ay!pues ¿quién hubiera esperado nunca, oír  que las mujeres, a las que alimentábamos en casa se apoderaran de mi Acrópolis?
CORIFEO. Hala, démonos muchísima prisa en ir a la Acrópolis, y hagamos una sola pira, y con nuestras propias manos las quememos a toda.
SEMICORO 1.°
Pues del camino este trecho me falta, la pendiente hacia la Acrópolis, adonde me apresuro. Pero, sin embargo, hay que caminar, y hay que soplar el fuego para que no se me apague sin darme cuenta al final del  camino. 
SEMICORO 2.°
Es terrible, ¡soberano Heracles! cómo el fuego se echa sobre mí desde el cuenco y me muerde los ojos como una perra rabiosa. Seguro que es de Lemnos el fuego ese, de todas todas; pues, si no, nunca me mordería así, a dentelladas, las legañas. Date prisa, adelante, hacia la Acrópolis, ayuda a la diosa. ¿Cuándo si no, Laques, la socorreremos mejor que ahora? ¡Fu, fu! ¡Uy, uy, qué humareda!
CORIFEO. El fuego este se ha espabilado gracias a  los  dioses, y está muy vivo. ¿Qué tal si ponemos primero aquí los dos troncos, y entonces metemos la antorcha de sarmientos en el cuenco, la encendemos, y después nos abalanzamos contra la puerta como carneros? Y si al llamar nosotros las mujeres no aflojan las trancas hay que prender fuego a las puertas y acosarlas a ellas con el humo. Pues dejemos la carga. ¡Uy, qué humareda, puf, puf? ¿Cuál de los generales que están en Samos nos ayudaría a descargar el tronco?
 (Dejan los troncos en el suelo.)
(Entra el coro de mujeres con barreños de agua.)
LA CORIFEO. Me parece que veo una densa nube de humo, mujeres, como si ardiera un fuego. Hay que darse muchísima prisa.
PRIMER SEMICORO DE MUJERES.
una cosa temo: ¿no va a llegar mi ayuda demasiado tarde?
LA CORIFEO. Deja... (Divisa al coro de ancianos.) ¡Uy!,  ¿qué es eso? ¡Hijos de mala madre! Nunca unos hombres de bien y piadosos habrían hecho una cosa así.
EL CORIFEO. Esto que llega sí que no esperábamos verlo. ¡Menudo enjambre de mujeres está ahí fuera para echarles una mano!
LA CORIFEO. ¿Por qué os damos tanto miedo? ¿Es que os parecemos muchas? Pues aún no estáis viendo ni a la milésima parte de nosotras.
EL CORIFEO. Fedrias, ¿vamos a dejarles decir disparates semejantes? ¿No sería mejor que alguien rompiera su cachiporra a fuerza de molerlas a palos?
LA CORIFEO. Vamos a poner también nosotras los cántaros en el suelo, para que, si alguien nos pone la mano encima, esto no nos estorbe.
EL CORIFEO. Por Zeus, si alguien les hubiera dado de palos en la mandíbula dos o tres veces ya no tendrían ni pizca de voz.
LA CORIFEO. Aquí me tienes; ¡que alguien se atreva a darme! Yo me dejaré hacer bien quietecita.  Eso sí: desde luego no volverás a pegar a nadie.
EL CORIFEO. Sino te callas te voy a arrancarla piel y la vejez a golpes.
LA CORIFEO. Acércate y tócame con un solo dedo.
EL CORIFEO. ¿Qué pasa si te hago cenizas con mis puños?  ¿Qué cosa espantosa me vas a hacer?
LA CORIFEO. A mordiscos te voy a arrancarlos pulmones y los intestinos.
EL CORIFEO. No hay poeta más sabio que Eurípides,  pues ninguna criatura es tan desvergonzada como las mujeres
LA CORIFEO. Vamos nosotras a coger el cántaro de agua.
EL CORIFEO. Tú, enemiga de los dioses, ¿por qué has venido aquí con agua?
LA CORIFEO. Y tú, ¡sepulcro!, ¿por qué con fuego? ¿Para quemarte?
EL CORIFEO. Yo, para amontonar una pira y asediar con fuego a tus amigas.
LA CORIFEO. Yo, para apagar tu pira con esta agua.
EL CORIFEO. ¿Que tú vas a apagarme el fuego?
LA CORIFEO. Los hechos lo pondrán en seguida bien a las claras.
EL CORIFEO. (A su antorcha.) Quémale el pelo a ésta.
LA CORIFEO. (A su cántaro de agua). A lo tuyo.
(El coro de mujeres vacía sus cántaros en los ancianos.)
EL CORIFEO. ¡Ay, pobre de mí!
LA CORIFEO. ¿No estaba caliente, verdad?
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ESCENA IV
 (Llega un COMISARIO, acompañado de un arquero escita)
COMISARIO. ¿Es que se ha hecho patente la desvergüenza de las mujeres,?
EL CORIFEO. Pues, ¿qué dirías si te enteraras además del descaro de éstas? Aparte de su caradura en otras cosas, para colmo nos han dado un baño con sus cántaros,  hasta el punto de que podemos sacudirnos la ropa como si nos hubiéramos orinado en ella.
COMISARIO. Sí,  es verdad. Este tipo de cosas han dado lugar a esto de ahora, pues es el caso que yo, un comisario, después de que he conseguido que haya remeros, ahora mismo que tengo necesidad del dinero para ellos, me encuentro de puertas afuera por culpa de las mujeres. Pero no vale de nada quedarse aquí de brazos cruzados. (A un arquero.) Trae las barras para que yo acabe con su descaro. ¿Por qué te quedas con la boca abierta, imbécil? Y  tú, ¿a dónde miras, que no haces más que vigilar la taberna? ¿No vas a colocar las barras debajo de las puertas, por aquí, para apalancarlas y hacer que salten? Desde aquí yo también voy a echar una mano para apalancarlas.
(LISÍSTRATA sale de la Acrópolis, abriendo las puertas.)
LISÍSTRATA. No apalanquéis nada. Ya salgo yo sin que me obligue nadie. ¿Qué falta hacen las barras? No son barras lo que se necesita, sino sentido común y mollera.
COMISARIO. ¿Con que sí, eh, guarra? ¿Dónde está el arquero?  (Al arquero.) Deténla y átale las manos a la espalda.
LISÍSTRATA. Por Ártemis, como me ponga encima la punta de un dedo, me las pagará aunque sea un agente público.
COMISARIO.  (Al  arquero.)  ¿Qué, te da miedo, tú? ¿No vas a agarrarla por la cintura?
(Sale CLEONICE de la Acrópolis.)
CLEONICE. (Al primer arquero.)  Como la  toques, aunque sólo sea con  la mano, te vas a cagar encima, de los pisotones que te vamos a dar.
(Llega MÍRRINA.)
MÍRRINA. Por la Lucífera, como le pongas encima la punta de un dedo, vas a pedir en seguida una ventosa
COMISARIO. ¿Qué sucede? ¿Dónde hay un arquero?  (Al arquero) Échale el guante a ésa.  (A  las mujeres.)  Yo  haré que terminen vuestras salidas, una por una.
LISÍSTRATA. Como te acerques a ella, te voy a hacer gritar a fuerza de arrancarte el pelo.
(Se va el arquero.)

COMISARIO. ¡Desgraciado de mí! Ha abandonado el campo el arquero. Pero nunca cederemos ante las mujeres. Avanzaremos contra ellas hasta llegar a las manos.
LISÍSTRATA. Por las dos diosas, vais a saber que también entre nosotras hay cuatro batallones de mujeres preparadas para la lucha, completamente armadas, ahí dentro. LISÍSTRATA. (Dirigiéndose a la ciudadela.)  Mujeres aliadas, salid corriendo de dentro,  (Salen las mujeres al ataque desde la Acrópolis)  Parad ya, retiraos, no  cojáis botín.
(Las mujeres que acaban de aparecer vuelven a la ciudadela.)
COMISARIO. ¡Ay de mí!, qué mal ha ido la cosa para mi arquero.
LISÍSTRATA. Pues anda, ¿qué te pensabas? ¿Es que tú creías que atacabas a unas esclavas, o es que piensas que las mujeres no tienen arrestos?
COMISARIO. Sí, por Apolo, y muchísimos,
EL CORIFEO. Muchas palabras gastadas en vano, comisario de esta tierra. ¿Por qué te enzarzas en discusiones con estas fieras?
LA CORIFEO. Tío, es que no hay que poner la mano encima al prójimo como si tal cosa; si haces eso, forzosamente tendrás los ojos hinchados
CORO DE ANCIANOS.
Zeus, ¿cómo podemos tratar a estos monstruos? Pues esto ya no se puede aguantar
EL CORIFEO. Haz preguntas, no te dejes engatusar, contradícelas todo lo que puedas: que sería una vergüenza dejar un asunto así
COMISARIO. Por  Zeus,  de  lo primero que quiero enterarme es de esto: ¿con qué idea habéis cerrado nuestra ciudadela con las trancas?
LISÍSTRATA. Para poner a buen recaudo el dinero y para que no luchéis por él.
COMISARIO. ¿Es que luchamos por el dinero?
LISÍSTRATA. Sí, y también por él se originan todos los demás jaleos. Pues Pisandro y los que andan detrás de los puestos públicos, para poder robar, armaban siempre algún alboroto
COMISARIO. ¿Qué es lo que vas a hacer?
LISÍSTRATA. ¿Eso me preguntas? Lo vamos a administrar nosotras.
COMISARIO. ¿Qué vosotras lo vais a administrar?
LISÍSTRATA. Y, ¿por qué te parece chocante? ¿No somos  nosotras las que os administramos todo lo de la casa?
COMISARIO. Pero no es lo mismo.
LISÍSTRATA. ¿Cómo que no es lo mismo?
COMISARIO. La guerra hay que hacerla contando con ese dinero.
LISÍSTRATA. Pero lo primero de todo es que no hay que hacer la guerra.
COMISARIO. Pues, ¿de qué otra manera estaremos a salvo?
LISÍSTRATA. Nosotras os salvaremos.
COMISARIO. ¿Vosotras?
LISÍSTRATA. Sí, nosotras.
COMISARIO. ¡Asombroso!
COMISARIO. ¿Y de dónde os sale esa preocupación por la guerra y la paz?
LISÍSTRATA. Ahora lo explicaremos. Nosotras en las primeras  fases de la guerra y durante un tiempo, aguantamos, por lo prudentes que somos, cualquier cosa que hicierais vosotros los hombres  -la verdad es que no nos dejabais ni rechistar-, y eso que agradarnos, no nos agradabais. Pero nosotras estábamos bien informadas de lo vuestro. Pero cada vez que nos enterábamos de una decisión vuestra  es peor que la anterior. Y, luego, preguntábamos: «Marido, ¿cómo es que actuáis de una manera tan disparatada?». Y él, decía:. «De la guerra se ocuparán los hombres»
COMISARIO. Bien dicho lo de aquél, por Zeus.
LISÍSTRATA. ¿Cómo que bien, estúpido, si ni siquiera cuando vuestras decisiones eran malas nos estaba permitido sugeriros nada? Así es que si queréis atendernos ahora a nosotras que os hablamos cuerdamente, y callaros como antes nosotras, podríamos enderezaros.
COMISARIO. ¿Vosotras a nosotros? Tremendo es lo que dices; no lo aguanto.
LISÍSTRATA. Cállate.
COMISARIO. ¿Callarme yo porque tú lo digas, hija de perra, y eso que tú llevas un velo en la cabeza? Primero me muero.
LISÍSTRATA. Pues si eso te sirve de obstáculo, coge este velo mío, tenlo y póntelo en la cabeza, y después cállate. (Le da el velo.)
LA CORIFEO. Apartaos de los cántaros, mujeres, para que  también nosotras por nuestra parte ayudemos a nuestras amigas.
CORO DE MUJERES.
Yo nunca me cansaría de bailar, ni la agotadora fatiga podrá apoderarse de mis rodillas. Dispuesta estoy a realizar cualquier cosa junto a éstas, por su valor, en ellas hay dotes naturales, gallardía, coraje, sabiduría, y valor
COMISARIO. ¿Y cómo os las vais a arreglar vosotras para  reconciliar y poner fin a tal cantidad de asuntos enmarañados en las ciudades griegas?
LISÍSTRATA. Muy simple.
COMISARIO. ¿Cómo? Explícamelo.
LISÍSTRATA. Desenmarañaremos esta guerra, si es que nos dejan hacer, poniendo las cosas en su sitio por medio de embajadas a un lado y a otro.
COMISARIO. ¿Así con embajadas creéis que vais a poner fin a unos asuntos tan terribles? ¡Qué necias! ¿Cómo? A ver.¿No es terrible que ellas que ni siquiera tomaron parte ninguna en la guerra?
LISÍSTRATA. Hijo de perra, nosotras la aguantamos más que por partida doble. Lo primero de todo, que damos a luz a nuestros hijos y los enviamos como hoplitas...
COMISARIO. Calla, deja los malos recuerdos.
LISÍSTRATA. Además, cuando teníamos que disfrutar y sacarle partido a la juventud, dormimos solas por culpa de las campañas militares.
COMISARIO. ¿Es que los hombres no envejecen?
LISÍSTRATA. Por  Zeus,  no se parece nada. Pues cuando el hombre regresa, aunque esté lleno de canas, en seguida lo tienes casado con una jovencita. Pero el momento de la mujer es muy breve,
(Se va el comisario rezongando)
ESCENA v
(Se hace un oscuro, suena música de trompetas de guerra…) Luz
LISÍSTRATA-La actuación de mujeres mezquinas, y el caletre mujeril, me hacen dar vueltas arriba y abajo toda desanimada.
LA CORIFEO. ¿Qué dices, qué dices?
LISÍSTRATA. La verdad, la verdad.
LA CORIFEO. ¿Qué hay de malo? Cuéntalo a tus amigas.
LISÍSTRATA. Empachoso es decirlo, y callarlo, penoso
LA CORIFEO. No me ocultes la desgracia que nos pasa.
LISÍSTRATA. En dos palabras: queremos hacer el amor.
LA CORIFEO. ¡Ay, Zeus!
LISÍSTRATA. ¿Por qué llamas a Zeus? Las cosas están así. Yo no soy ya capaz de mantenerlas apartadas de los hombres: se escapan. A una la pillé muy temprano agrandando la abertura  por donde está la gruta de Pan; a otra, mientras se deslizaba serpenteando ayudada por una garrucha; a otra, cuando se pasaba al enemigo; ---Ponen todas las excusas posibles con tal de marcharse a su casa. Aquí viene una de ellas. 

ESCENA VI
MÍRRINA. ¿Qué hay? Dime, ¿por qué esas voces?
LISÍSTRATA. Un hombre,  un hombre veo que se acerca  trastornado,
MÍRRINA. ¿Y dónde está, sea quien sea?
LISÍSTRATA. Junto al templo de la Demeter
MÍRRINA. Ah, sí, por Zeus, ahí está, y, ¿quién puede ser?
LISÍSTRATA. Fijaos: ¿Lo conoce alguna de vosotras?
MÍRRINA. Sí, por Zeus, yo; ¡es mi marido, Cinesias!
LISÍSTRATA. Lo que tienes que hacer ya es ponerlo en el  asador, darle vueltas, engatusarlo con el quiero y no  quiero, y decirle que sí a todo menos a lo que conoce la copa
MÍRRINA. Descuida, yo lo haré.
LISÍSTRATA. Pues yo me quedo aquí contigo para ayudarte a engatusarlo y ponerlo a punto de caramelo.  (A las  demás mujeres.)  Ahora, marchaos.
ESCENA VII
(Salen; entra CINESIAS con un criado que trae un niño.)
CINESIAS.  ¡Ay  de mí, desdichado, qué convulsiones me  dan, y qué rigidez, como si me torturaran en la rueda!
LISÍSTRATA. ¿Quién está ahí, que ha rebasado los puestos de guardia?
CINESIAS. Yo.
LISÍSTRATA. ¿Un hombre?
CINESIAS. Un hombre, desde luego.
LISÍSTRATA. ¡Largo de ahí!
CINESIAS. ¿Y quién eres tú que me echas?
LISÍSTRATA. Un centinela de día.
CINESIAS. Por los dioses, entonces, llámame a Mírrina.
LISÍSTRATA. ¡Anda, que yo te llame a Mírrina!, ¿y quién eres tú?
CINESIAS. El marido de ella, Cinesias de Leónidas
LISÍSTRATA. Hola, querido.  Tu  nombre no está entre nosotras falto de prestigio ni deja de ser conocido, pues tu  mujer siempre te tiene en la boca. Si coge un huevo o una manzana, dice: «Ojalá fuera para Cinesias».
CINESIAS. ¡Oh, dioses!
LISÍSTRATA. Sí, por Afrodita, y si se tercia hablar de maridos, tu mujer en seguida dice que al lado de Cinesias todo lo demás son pamplinas.
CINESIAS. Pues ve y llámala.
LISÍSTRATA. Pues hala, voy a bajar a llamártela. (Se va.)
CINESIAS. A toda prisa. Pues ninguna ilusión tengo por la  vida, desde el momento en que ella se marchó de casa;  sufro al entrar en ella, que todo me parece desierto. La comida, ningún gusto me da comerla. Y la deseo tanto….
MÍRRINA.  (A  LISÍSTRATA.)  Yo  le  quiero, le quiero, pero él  no deja que yo le quiera. Así que tú no me llames a su lado.
CINESIAS. Mirrinita, encanto, ¿por qué haces eso? Baja aquí.
MÍRRINA. No, por Zeus, yo ahí no.
CINESIAS. ¿Llamándote yo no vas a bajar, Mírrina?
MÍRRINA. Es que me dices que salga sin que te haga ninguna falta.
CINESIAS. ¿Ninguna falta a mí? Destrozado es lo que estoy.
MÍRRINA. Me marcho.
CINESIAS. (Para sí.)  La encuentro mucho más joven  y  de  mirada más tierna. Sus  enfados hacia mí y sus humos,  eso mismo es lo que me tiene destrozado de deseo.
CINESIAS. Majadera, ¿por qué te portas así y haces caso a las otras mujeres? Me haces sufrir a mí y lo pasas mal tú también. (Se acerca a ella.)
MÍRRINA. No me arrimes la mano.
CINESIAS. Las cosas de casa, tuyas y mías, las echas a perder.
MÍRRINA. Me importan un rábano.
CINESIAS. ¡Los ritos de Afrodita no los cultivas hace tanto tiempo! ¿No vas a venirte?
MÍRRINA. Por  Zeus,  no, a menos que hagáis las paces y  pongáis fin a la guerra.
CINESIA. Vale, si eso te parece bien, hasta eso haremos.
MÍRRINA. Vale, si eso os parece bien, también yo regresaré allí. Pero ahora he jurado que no.
CINESIAS. Pues acuéstate conmigo: ¡el tiempo que hace ya!
MÍRRINA. Ni hablar. Sin embargo, no te diré que no te quiero.
CINESIAS. ¿Que me quieres? Entonces ¿por qué no estás  ya acostada, Mirrinita?
MÍRRINA. Y entonces, ¿voy a faltar a lo que he jurado, desdicha de hombre?
CINESIAS. Que recaiga en mí. No estés preocupada por el juramento.
MÍRRINA. Hala, pues voy a traer una cama para nosotros dos.
CINESIAS. De eso nada. Nos basta con el suelo.
MÍRRINA. No, por Apolo, aunque seas así, no te haré  acostarte en el suelo.
(Sale MÍRRINA.)
CINESIAS. Desde luego mi mujer me quiere, está clarísimo.  (Regresa MÍRRINA con la cama.)
MÍRRINA. Aquí está, échate, acaba ya, que yo me voy desnudando. Pero, la cosa esta, la esterilla, hay que traerla.
CINESIAS. ¿Qué rayo de esterilla? Para mí no.
MÍRRINA. Sí, por Ártemis, que encima del jergón da vergüenza.
CINESIAS. Déjame que te bese.
MÍRRINA. Espera. (Sale MÍRRINA.)
CINESIAS. ¡Ay, ay, ay! Vuelve a toda prisa. (Vuelve con una esterilla.)
MÍRRINA. Aquí está la esterilla. Échate, que ya me desnudo. Pero, la cosa esa, la almohada, no tienes.
CINESIAS. No me hace ninguna falta.
MÍRRINA. Por Zeus, a mí sí. (Sale MÍRRINA.)
(Vuelve MÍRRINA.)
MÍRRINA. Levántate, alza. (Le pone la almohada.) Ya tengo todo.
CINESIAS. Todo, seguro. Ven aquí, tesoro.
MÍRRINA. El sujetador me lo suelto ya. Y recuerda: no vayas a engañarme en lo de hacer las paces.
CINESIAS. ¡Que me muera, por Zeus!
MÍRRINA. ¡Pero si no tienes manta!
CINESIAS. Por Zeus, ni la necesito.
MÍRRINA. vengo en seguida. (Sale.)
 (Entra MÍRRINA.)
MÍRRINA. Ponte erguido. ¿Quieres que te eche perfume?
CINESIAS. No, por Apolo, a mí no.
MÍRRINA. Sí, por Afrodita, quieras o no. (Sale.)
CINESIAS. ¡Ojalá se le derrame el perfume, Zeus soberano! (Entra MÍRRINA.)
MÍRRINA. Extiende la mano, coge y úntate.
CINESIAS. (Untándose.)  No es agradable  el perfume este,  por Apolo,
MÍRRINA. ¡Qué boba! Si he traído el perfume de Rodas
CINESIAS. Es bueno, déjalo en paz; ¡dichosa mujer!
CINESIAS. Venga, calamidad, échate y no  me traigas nada más.
MÍRRINA. Eso voy a hacer, por Ártemis. Ya estoy descalza, por lo menos. Pero, vida mía, tienes que votar que se haga la paz.
CINESIAS. Lo tendré en cuenta. (MÍRRINA  se va.)  Me ha matado, me ha hecho trizas mi mujer, y encima de todo lo demás, se marcha y me deja así. ¡Ay!, ¿qué hago?
EL CORIFEO. En terrible desgracia, desdichado,  tienes el alma afligida por haber sido engañado. También yo te compadezco. Ay, ay, pues, ¿qué riñón podría aún resistir, qué alma,..?
ESCENA VIII
HERALDO. ¿Donde ehtá  er  Conceho de Ansianoh de Atenah o  loh  prítaneh? Quiero desí una notisia.
PRÍTANIS. ¿Quién eres? ¿Un ser humano o Conísalo?
HERALDO: Shiquiyo, como erardo vengo de Ehparta,  ¡pol loh  doh diozeh!, para tratá de la pá.
PRÍTANIS.  (Se descubre.)  háblame con franqueza ¿Cómo andan vuestros asuntos en Lacedemonia? ¿De quién os ha caído esa desgracia? ¿De Pan?
HERALDO:.  No, la primera fue Lampito, creo yo, y dehpuéh lah demáh muhereh de Ehparta, todah a una, como zi tomaran la zalida a lavé.
PRITANIS. ¿Y cómo andáis?
HERALDO. Desehperadoh. Pueh lah muhereh no noh deban ni ziquiera  tocal les er mirto ahta que todoh, en común, agamoh lah paseh en Gresia.
PRÍTANIS. El asunto este es una conspiración de todas las mujeres, ahora lo veo. Rápido, di que envíen aquí embajadores con plenos poderes para tratar de la paz. Y yo le diré al Consejo que elija a otros embajadores de aquí.
HERALDO.  Voy volando, que lo que diseh ehtá muy requetebién. (Salen los dos personajes en distintas direcciones.)
ESCENA Ix
EL CORIFEO. (Entran los embajadores lacedemonios.)  Aquí llegan de Esparta estos embajadores, arrastrando sus barbazas, Laconios, lo primero, hola, y ahora, contadnos en qué situación venís.
LACONIO: ¿Qué farta jase que oh digamoh mushah palabrah? Pueh bien ze puede vé en qué situasión emoh venido.
EL CORIFEO. ¡Ahí va!, mucho tendón le ha salido a la desgracia esta de mala manera,
 (Entra  EL PRÍTANIS con otros atenienses.)
PRITANIS. ¿Quién puede decir dónde está Lisístrata?  ¡Por  Zeus!,  por pasarnos eso estamos hechos  polvo, así es que si alguien no hace en seguida la paz  con nosotros, no habrá manera de que seamos felices
 (Entra LISÍSTRATA.)
PRÍTANIS. No hace falta, al parecer, que la llamemos, pues ella por su cuenta, al oírnos, viene ya.
EL CORIFEO. Hola, la mujer más valiente de todas. Ahora te toca a ti aparecer  inflexible  y  suave, buena  y  mala, orgullosa y humilde, llena de mañas, que los principales de los griegos, cautivados por tu hechizo, se
han rendido ante ti-
LISÍSTRATA. No es difícil la cosa, si se les coge llenos de deseo y sin que intenten nada unos contra otros. Pronto lo sabré. ¿Dónde está Conciliación?  (Aparece  CONCILIACIÓN  personificada en una chica ligera de ropa.)  Coge y trae primero a los laconios, no con mano arisca e insolente, ni a lo bruto como hacían nuestros hombres, sino como suelen hacerlo las mujeres, muy amistosamente. (CONCILIACIÓN  trae a los laconios.)  Ahora ve y trae a estos atenienses; por donde te dejen, cógelos y  tráemelos.  (Trae a los atenienses.)  Laconios, colocaos junto a mí,  y  vosotros  (a los atenienses)  a este lado, y escuchad mis palabras: «Mujer soy, pero tengo inteligencia» Teniéndoos cogidos quiero reñiros a la vez y con razón a vosotros, cuando está presente el enemigo con su ejército bárbaro, dais muerte a los griegos y destruís sus ciudades. «El primer tema aquí lo he concluido»
PRÍTANIS. Y yo estoy que reviento.
LISÍSTRATA. Ahora, laconios, a vosotros me dirijo: después de lo que han hecho por vosotros  los atenienses, ¿devastáis el país del que habéis recibido favores?
PRÍTANIS. Son injustos éstos, por Zeus, Lisístrata.
LACONIO. Zomoh inhuhtoh, pero  (mirando a  CONCILIACIÓN) ¡qué culo, qué maraviya!, no ze puede ni desí.
LISÍSTRATA. ¿Y crees que yo os voy a dejar sin reproche a  vosotros los atenienses? ¿No sabéis que los laconios, por  su parte, cuando vosotros usabais zamarra, vinieron con sus armas y mataron a muchos tesalios?, y siendo los únicos aliados vuestros en aquel día, os liberaron,
LACONIO:. (Refiriéndose a LISÍSTRATA.) Muhé máh noble no e vihto nunca.
LISÍSTRATA. Y habiendo por medio tantas y buenas acciones, ¿por qué seguís luchando y  no acabáis ya con esa  hostilidad? ¿Por qué no os  reconciliáis? A ver, ¿qué os lo impide?
LACONIO. Nozotroh  zí  queremoh, zi arguien quiere  devorvernoh ehta redondé (Mira el trasero de CONCILIACIÓN.)
LISÍSTRATA. ¿Cuál, amigo?
LACONIO. Piloh,  que  jase  tiempo que la pedimoh y  la tentamoh.  (Hace ademán de tocar a CONCILIACIÓN.)
PRÍTANIS. No, por Posidón, eso no lo conseguiréis.
LISÍSTRATA. Cedédsela a ellos, buen hombre.
PRÍTANIS. Y después, ¿a quién vamos a menear?
LISÍSTRATA. Reclamad otra plaza a cambio de ésa.
PRÍTANIS. ¡Eso sí!, entregadnos lo primero de todo Equinunte,
LACONIO. No, pol loh doh diozeh, tanto no, amigo.
LISÍSTRATA. Dejadlo, no os peléis por un par de piernas.
LISÍSTRATA. Bien dicho. Ahora atended a purificaros para que las mujeres os convidemos en la Acrópolis con lo que teníamos en nuestras cestas. Allí os daréis juramentos y fidelidad mutua. Y después cada uno de vosotros cogerá a su mujer y se irá.
PRÏTANIS. Hala, vamos de prisa.
LACONIO. Yévanoh adonde tú quierah.
PRÍTANlS. Sí, por Zeus, llévanos a toda prisa.
(LISÍSTRATA sale hacia la Acrópolis con los laconios y los atenienses.)

CORO CONJUNTO: Colchas bordadas,ricos chales de lana, finas túnicas y joyas, eso poseo;
no tengo inconveniente en permitiros a todos que os llevéis para vuestros hijos, y para cuando vuestra hija sea canéforo. A todos vosotros os exhorto a que ahora toméis de lo mío ahí dentro; nada está tan bien sella-do que no se puedan arrancar los precintos y llevarse lo que haya dentro. Pero aunque miréis no vais a ver nada.
 (Se oye la voz del PRÍTANIS desde dentro de la Acrópolis.)
PRITANIS. Abre la puerta, tú. (Se abre la puerta y llega EL PRÍTANIS con otros atenienses.)  Tenías  (a las mujeres del  CORO) que haberte echado a un lado. ¿Qué hacéis ahí, paradas? ¿No querréis que os queme yo con  la antorcha, verdad?  (Al público.)  Es una grosería. No lo haré. Pero si hace falta llegar a eso, lo soportaré por daros ese gusto.
UN ATENIENSE. También nosotros lo soportamos contigo.
PRÍTANIS. (Al CoRo de mujeres.)  ¿Os  marcháis de una vez? Vais a llorar largo y tendido por vuestra cabellera.  (Las amenaza con la antorcha  y  se alejan de los Propíleos.) (Al  CORO  de ancianos.)  ¿Os marcháis de una vez para que los laconios salgan de ahí dentro tranquilamente, después del convite? (Los ancianos se sitúan a un lado.)
UN ATENIENSE. Nunca vi banquete igual. ¡Qué simpáticos los laconios! Y nosotros, en cuanto empinamos el codo, somos muy ocurrentes.
PRÍTANIS. Claro, como que sin beber no estamos en buena forma. Si llego a convencer con mis palabras a los atenienses, como embajadores iremos siempre a todas partes borrachos. Pues ahora, cada vez que vamos a Lacedemonia, sobrios, en seguida buscamos cómo alborotar, de manera que lo que nos dicen no lo escuchamos, pero lo que no dicen, eso lo suponemos, y sobre las mismas cosas no contamos lo mismo. Pero en este momento nos agradaba todo,  lo daríamos por bueno incluso jurando en falso.  (Se aproximan algunos ancianos del  CORO.) Anda, éstos vienen otra vez al mismo sitio. ¿No os iréis con viento fresco, bribones? (Se sitúan a un lado.)
ATENIENSE. Sí, por  Zeus,  que ya van saliendo de dentro.  (Aparecen los atenienses y los espartanos; y, más atrás,  LISÍSTRATA  y  las restantes mujeres.)
LACONIO.  (Aun flautista.)  Queridízimo, cohe la flauta para que yo y entone una cansión muy presiosa para  loh  atenienzeh y para nozotroh al mihmo tiempo.
PRÍTANIS. Sí, coge los tubos, por los dioses, que me encanta veros bailar.
LISÍSTRATA.  Hala, como todo lo demás ha salido muy bien, llevaos, laconios, con vosotros a éstas (Señala a las mujeres espartanas), y  vosotros, a éstas de aquí  (Señala a las mujeres atenienses).  Que el marido esté junto a su mujer, y la mujer junto a su marido, y, después de bailar en honor de los dioses por estos sucesos felices, que tengamos cuidado en lo sucesivo de no volver a cometer errores nunca más.
CORO CONJUNTO.

Da impulso al coro, conduce aquí a las Gracias, invoca a Ártemis,y a su hermano gemelo, maestro de coros, Y a Zeus que con su fuego brilla, y a su soberana esposa bienaventurada. Y después a las divinidades que tomaremos como testigos de imborrable memoria de esta tranquilidad deliciosa, esposa Hera; por ultimo, Cipris o Afrodita.  Saltad a lo alto, iai, como en una victoria, iai. Euoi, euoi, euai, euai.