viernes, 23 de noviembre de 2012

SOBRE SEDA

DEL BLOG: REVISTA DE LAS LETRAS (Ofrecido por La Vanguardia) Opinión de Franco Chiaravalloti

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A propósito de “Seda”, de Alessandro Baricco Por | Críticas | 23.09.10

Seda. Alessandro Baricco
Traducción de Xavier González y Carlos Gumper
Anagrama (Barcelona, 1997)
Hace algunas semanas, una colega italiana –lectora empedernida ella– me preguntó por qué Seda, esa novelita que es más bien un cuento largo o una nouvelle, había tenido tanta aceptación en España, bastante más de la que tuvo en su país de origen. Remarcó que Océano Mar o Esta historia tienen mucho más mérito. Pero, al menos aquí, el gran público sólo relaciona al escritor turinés con esta fábula protagonizada por Hervé Joncourt, el aventurero buscador de gusanos de seda.
El hecho de no hallar una contestación concreta a aquella pregunta me motivó a recuperar su lectura. Podría haber arriesgado una respuesta fácil, como que es el típico regalo para quedar bien en cumpleaños o navidades, al tratarse de un libro tan breve y sencillo de leer. O que, desde que se rodó la película, es un título recurrente para elogiarlo o destriparlo a gusto e piacere. O incluso que el debate suscitado por su calidad literaria ha creado una bola de nieve que no deja de generar adeptos y detractores. Debate que no tiene atisbos de acabar, y que este artículo viene a atizar todavía más.
Lo cierto es que si Seda no tuviera tanta exposición, no habría surgido tal charla y este artículo ni siquiera hubiese sido escrito.
Hablamos de la historia de un comerciante de gusanos de seda que viaja a Japón para conseguir huevos de calidad, aunque acaba enamorado de los inquietantes ojos de una mujer de rasgos occidentales: se trata ni más ni menos que de la amante de Hara Kei, el señor de las tierras que producen los mejores huevos de gusano del mundo. En Francia, mientras tanto, lo esperan su mujer, su jefe y toda una población que vive de los huevos que él recoge. Ése sería, a grandes trazos, el tejido grueso de la historia.
La conclusión que obtuve tras esta segunda lectura fue que Seda es un entretenido y conmovedor relato, y ya está. La prosa tiene sus carencias, sus excesivas pretensiones. Se le pueden encontrar mil pegas si rizamos el rizo. Pero cuanto más releo pasajes que han llamado mi atención, más me convenzo de que el autor lo escribió sin premeditación, en un par de días, y sólo después de acabarlo se dio cuenta de lo que le salió.
Alessandro Baricco es de esos escritores que, obra a obra, dirige sus esfuerzos en establecer un tono único y personal, que marque camino. Para lo cual se empeña en transgredir normas de puntuación, en crear párrafos donde debería ir punto y seguido, en hacer hablar a los personajes cuando deberían callar, y viceversa… Seda es un desfile de estas premisas. Y todo con una economía narrativa que dota a la historia de una poquedad efectiva, como un schiaffo en la mejilla. Esto genera lagunas en muchos pasajes de la novela que, por fuerza, deben ser completadas por el lector. Por tal motivo resulta inexplicable que incurra en cansinos circunloquios, o bien en adjetivaciones que no aclaran la vista, sino que la nublan:
(…) Un solo día de retraso podía significar el fin. Lo sabía, y sin embargo no era capaz de marcharse. De modo que permaneció allí hasta que aconteció una cosa sorprendente e irracional: de la nada, de repente, apareció un chico.
No hacía falta remarcar lo “sorprendente e irracional”. El lector lo verá por su cuenta.
La mañana en la que [Baldabiou] partió, Hervé Joncour le acompañó, junto con Hélène, hasta la estación de tren de Avignon. Llevaba consigo una sola maleta, y esto también era relativamente inexplicable. Cuando vio el tren, parado en el andén, depositó la maleta en el suelo.
–Una vez conocí a uno que se había hecho construir una vía de ferrocarril sólo para él.
Dijo.
–Y lo mejor es que se la había hecho construir toda recta, centenares de kilómetros sin una curva. Había incluso un porqué, pero no lo recuerdo. Nunca se recuerdan los porqués. En fin, adiós.
¿Un homenaje a sí mismo? Ésta es una obvia alusión a Dann Rain, protagonista de su primera novela, Castelli di Rabbia (publicada en España como Tierras de cristal), quien se había hecho construir una línea de ferrocarril sólo para él. La anécdota no aporta nada a la trama, desaparece en la sucesión de hechos, y no pasa de ser un guiño a sus seguidores.
Asimismo, Seda deja demasiadas preguntas abiertas que no se cierran, y que el lector medio quizás se formule: ¿qué hace una mujer de rasgos occidentales en Japón?; ¿cómo es que habla francés Hara Kei?; ¿por qué Baldabiou, el empresario que promueve los viajes de Joncourt a Japón, abandona todo y desaparece de un día para el otro? También se le puede criticar la forma, su afán orientalista plagado de clichés occidentales, su apresurado final…
Baricco sólo quiso escribir una historia de amor, aunque la contraportada de la edición de Anagrama lo niegue. Después sólo era cosa de decorarlo: ¿Dónde? En Francia y en Japón. ¿Quién? Un viajante. ¿Qué busca? Buen precio y aventura. ¿Qué encuentra? Un par de ojos. Así dio forma a esto que no es una novela, sino un ejercicio narrativo, o mejor dicho un cuento escrito por un esteta. Con esto en absoluto busco ser peyorativo. Considero a Baricco un hábil narrador, que sabe lo que quiere y lo consigue. Y a Seda una historia que conmueve. Lo no dicho, el toque de irrealidad, la sutil melancolía generan preguntas que ni siquiera hace falta preguntarse. Es una fábula que actúa como un reloj. Y como todo reloj, además de dar la hora correcta debe tener un tictac armónico. Seda tiene todo esto. Un libro entretenido, modesto, que no pretende ser otra cosa que no es… E basta così.
El estilo ayuda a crear ese efecto, puesto que la prosa se diluye como un trozo de fina seda entre los dedos. A pesar de los desaciertos citados, a pesar de las preguntas sin respuestas, las someras pinceladas que nos brinda de, por ejemplo, la vera del lago en la que Joncour acaba sus días, la gigantesca jaula de pájaros, los desiertos que atraviesa o la intensa carta final, eso nos es suficiente para que su impronta se mantenga en nuestra retina y la historia se cierre con efectividad en el anteúltimo capítulo.
En definitiva, ¿qué busca un lector en un libro? ¿Un trasfondo ideológico firme, un alarde de retórica, fraseos correctamente concatenados? ¿O una historia bien contada? Es esto y es lo otro. Pero la lectura es también evasión, y si al levantar la vista del libro vemos, al menos por un rato, el mundo un poco diferente, con la tónica de la ficción que acabamos de leer, el libro ha cumplido su cometido.
Así que, estimado lector, si aún no has leído Seda, permíteme una recomendación: arroja los prejuicios lo más lejos que puedas. Olvídate de todo lo que dice este artículo. Desnuda tu mente y déjate llevar. Puesto que es un libro tan corto, construirás tu criterio en tan sólo unas horas. Podrás recordarlo durante semanas u olvidarlo enseguida, podrá llegarte al alma o no. Da igual. Pero al menos, estoy convencido de ello, pasarás un buen rato. Que no es poco.
El autor
Si bien es considerado por muchos críticos como uno de los grandes creadores italianos contemporáneos, no faltan quienes lo ven un bluff, uno de esos autores de lectura fácil y conformista. En este sentido, el artista Daniele Luttazzi ha opinado en la revista cultural Orizzonti, en obvia alusión a Baricco: “No soporto aquellos autores que usan la página para poner el propio yo por delante”. El crítico literario Giulio Ferroni suscribió, asimismo, un duro alegato titulado Del lado de los malos: a propósito de Baricco y otros escritores de moda.
Como fuere, no puede negarse que Baricco es de esos escritores multifacéticos, hiperactivos y con cierta pizca de histrionismo. Autor, además, de las novelas City, Sin sangre, Océano mar (ganadora del prestigioso premio Viareggio) y Esta historia, es también actor, dramaturgo, ensayista y crítico musical en los periódicos La Stampa y Repubblica. Durante los años noventa fue presentador televisivo de Pickwick, un popular programa sobre libros que, en palabras del escritor Claudio Paglieri, “invitó a los italianos a redescubrir el placer de la lectura”:

En 2008 debutó como realizador con la película Lecture 21, con guión es de su propia autoría, una coproducción ítalo-británica protagonizada por John Hurt, Noah Taylor y Leonor Watling:

Como era de esperarse, esta incursión en el séptimo arte también encontró sus detractores. Sin ningún tipo de eufemismos, el reconocido crítico cinematográfico Paolo Mereghetti calificó este debut de “desastroso”.
Actualmente, Alessandro Baricco codirige en su ciudad natal una escuela de escritura creativa, ya célebre en Italia, llamada Holden, en homenaje al protagonista de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger


Franco Chiaravalloti
http://decatisondeteibol.blogspot.com

PRÓXIMOS EXÁMENES

NOVIEMBRE:
28 - Seda  -- Matemáticas B
29 - Inglés
30 - Sintaxis





DICIEMBRE:
 
4 - Informática I
5 - Entrega del mesociclo
11 - Física y química
13 - final de Lengua
14 - Inglés
 
 
 
 
¡¡MUCHA SUERTE!!


viernes, 9 de noviembre de 2012

PREPARANDO EL EXAMEN DEL ROMANTICISMO lunes 12 de noviembre



Corrección del Ensayo del Héroe Romántico 
Con este ensayo queremos demostrar que los grandes personajes románticos, Drácula, Frankenstein, D. Juan Tenorio, fruto de la pluma Bram Stocker, Mary Shelley y José Zorrilla, respectivamente, y Alonso, Fernando de Argensola o Manrique, de las Leyendas de Bécquer reflejan perfectamente el pensamiento romántico.
En primer lugar, todos ellos reflejan su inadaptación y no aceptación de las normas establecidas en todos los ámbitos. Drácula decide oponerse a las normas divinas, además de las sociales, hace un pacto satánico y con él logra violar la primera de esas normas viviendo eternamente; socialmente actúa contra todo lo establecido atrayendo a su secta vampírica a través de los instintos sexuales. Por otra parte, el doctor Víctor Frankenstein añora convertirse en una especie de dios pudiendo dar vida a los muertos. El mítico D. Juan se burla de todas las normas sociales establecidas, engaña en el juego, seduce y abandona doncellas y mata a todos los que se interponen en su camino. Manrique del Rayo de Luna no vive en soledad y no acepta ninguna norma social, como la del matrimonio; mientras que Fernando de Argensola, de Los ojos verdes, no cumple con la norma que le impediría traspasar las fronteras del monte.
Por todo lo anterior, estos personajes se caracterizan por su marginalidad. Drácula es un excéntrico noble centroeuropeo que habita en un castillo solitario y que es, por si fuera poco, un vampiro. Víctor Frankenstein se convierte en el prototipo de “científico loco” y, además, ladrón de tumbas. D. Juan nunca disfruta de una familia, la soledad es su única compañía hasta que se enamora de Dña. Inés, consiguiendo la paz espiritual y el perdón, lo que refleja la tradición católica que sigue su autor.
En tercer lugar, todos ellos, al igual que harán los escritores románticos, se evaden en el tiempo o en el espacio. Drácula se inspira en la Edad Media, época que es origen de su leyenda y muy del gusto romántico. Frankenstein al final de su vida huye al lejano y desconocido Polo Norte persiguiendo a su criatura y D. juan nuevamente recrea un lejano siglo XVI. Bécquer se evade hacia una Edad Media legendaria en la que sitúa todas sus leyendas.
Elemento sobrenatural es fundamental en todas sus historias: la vida eterna y la capacidad de transformarse en murciélago, la posibilidad de dar vida a un cadáver, la mano de Margarita que no se hunde hasta que Pedro no cumple su promesa, los esqueletos de los difuntos que vuelven a la vida de D. Juan o del Monte de las ánimas o el Miserere, los ojos misteriosos de un ser diabólico en los Ojos verdes...
Finalmente, la naturaleza en todas estas historias es salvaje, nocturna, sepulcral o ruinosa. Así, la luna llena se convierte en protagonista en Bécquer y Drácula; los cementerios son los protagonistas en D. Juan, el Monte de las ánimas y en Drácula; los bosques salvajes enmarcan la acción de todas las obras, en algún momento.   
En conclusión, los citados personajes reflejan de modo excepcional toda la estética y pensamiento de los artistas que, oponiéndose al racionalismo del siglo anterior, crean un arte marcado por la nostalgia de un pasado medieval que aparece idealizado; este pasado abraza el inconformismo de un grupo de artistas que no aceptaban la realidad que les había tocado vivir e intentaron huir de ella a través del arte. 

COMENTARIO RIMA 35, LII “Olas gigantes”
INTRODUCCIÓN (Época y autor)
El tema de esta rima es el deseo suicida provocado por el desamor. En cuanto a la estructura interna, el poema se puede dividir en dos partes. La primera de ellas abarcaría las tres primeras estrofas y nos ofrecería una descripción de elementos de una naturaleza tempestuosa, a la que se invoca para que se lleve al poeta. En la segunda encontramos la explicación de este deseo suicida. Respecto a la estructura externa, los versos son de arte mayor (de 11 y 12 sílabas) con rima asonante y predominio de la rima en –a; se organizan en cuatro estrofas que concluyen cada una de ellas con un verso heptasílabo a modo de estribillo.
A nivel fonético destaca la aliteración en /r/ para emular el sonido de la tormenta y en /s/ para imitar el del viento o las olas. También es de destacar el protagonismo del imperativo, apoyado en el vocativo con el que se inicia cada estrofa, llamando a los elementos de la naturaleza para que se lo lleven. Uno y otro se ven también reforzados por las exclamaciones de los versos heptasílabos. La intensidad del sentimiento del poeta hace que los versos se le queden cortos, por ello encontramos encabalgamientos (vv. 1, 5 y 13).
En lo que se refiere a la morfología, abundan los nombres concretos en la 1ª parte descriptiva. Son nombres que pertenecen al campo semántico de la naturaleza; podemos clasificarlos en elementos relacionados con cada una de las tres materias: el agua (olas, playas, espumas) en la primera estrofa, la tierra (bosque, hojas) en la segunda y el aire en la segunda y tercera (ráfagas, huracán, torbellino, nubes, niebla). En la segunda parte, por el contrario, sólo hay sustantivos abstractos que denominan sentimientos negativos  que atenazan al poeta (miedo y dolor) y referencias a la causa de esa situación (memoria y razón). Piedad es el último de los sustantivos y resume lo que el poeta pide a esa naturaleza que parece escucharle. Los adjetivos son especificativos y ayudan a completar la descripción de la primera parte; la mayoría son de carácter positivo, salvo marchitas, ciego y sangrientas que inciden en la naturaleza salvaje; el exotismo y lejanía de esta naturaleza situada en un paisaje desconocido se refleja en adjetivos como desiertas o remotas. El epíteto oscura, referido a niebla, puede transmitir la oscuridad en la que se encuentra el alma del poeta. Finalmente, los verbos aparecen en un presente que nos acerca la emoción de Bécquer a nuestro ahora de lectores (rompéis, arrebatáis, ornáis, arranque…), la mayoría de ellos tienen como sujeto el vosotros de los elementos de la naturaleza y en la segunda parte el sujeto será el yo poético. Como ya señalamos anteriormente, el imperativo se convierte en protagonista recogiendo el tema de la rima.
En cuanto a la sintaxis, la primera parte enmarca oraciones compuestas que son simétricas. El vocativo aparece complementado por una subordinada adjetiva (“que ….”) y por otra de participio (“envuelto… arrastrado… arrebatado”) para dar paso al verbo principal que es el imperativo.

En lo referido a la semántica lo más importante es la personificación de los elementos de la naturaleza a los que se dirige el poeta. También es destacable la aparición de una metáfora (I de R) “sábana de espumas”. Por lo demás, el poema se caracteriza por su sencillez semántica.
Para concluir diremos que se trata de una composición típicamente romántica por sus temas (las emociones del yo-poético, su estrecha vinculación con una naturaleza salvaje, el pesimismo…)  y su forma (libertad métrica y de rima). Podemos observar la relación existente con la lírica popular medieval de las cantigas de amigo en las que, como hace Bécquer, el yo-poético se dirige a la naturaleza. Esta recuperación de lo medieval también es propia del Romanticismo.